Era una helada mañana de invierno, el fuerte ruido de las gotas golpeando violentamente el vidrio del ventanal de mi dormitorio me despertó, era normal que lloviera donde vivía. Era temprano, apenas comenzaba a asomarse el sol anaranjado sobre el horizonte, pero muy tenue. Me levanté lentamente y me dirigí hacia el comedor a buscar un vaso con agua. Caminaba arrastrando los pies sobre el suelo de madera cuando sentí que mis pies se mojaban, el agua estaba helada. Miré algo extrañada y me sorprendí al ver un enorme charco de agua de lluvia que se había colado por debajo del ventanal que comunicaba el salón y el patio de la casa. Aún en pijama y algo dormida, fui a buscar la fregona y me puse manos a la obra. Un gélido viento quemó mi piel cuando abrí el ventanal. Empujé con pesadez el agua hacia afuera y me dispuse a guardar todo en su lugar, cuando un fuerte ruido proveniente del antiguo rio que pasaba por detrás de mi casa, y que ahora se trataba de un pequeño camino fluvial, en el cual nunca había nadie, sobre todo si llovía ya que siempre se desbordaba , me frenó en seco. Me asomé un poco, y quedé inmóvil durante unos instantes, esperando a ver u oír algo fuera de lo común. Agudicé mi audición todo lo que me fue posible y logré escuchar un suave ruido como el sollozo de una mujer, lejano y entrecortado. Hasta donde yo tenía entendido se habían escuchado esos sollozos con mucha frecuencia últimamente y habían ocurrido cosas extrañas antes de que empezaran, pero no sabia los detalles de lo ocurrido, excepto que en el ultimo incidente estaba implicada una señora muy dulce a la que tenia mucho aprecio por su amabilidad. Caminé hasta la valla, que separaba el antiguo río y mi casa, no me importaba si me mojaba un poco ya que estaba el toldo, y me encantaba la lluvia.
Luego de unos minutos, me di por vencida y me dirigí dentro, un poco mojada pero sin darle importancia , pensando ansiosa en el calor de mi cama. Cuando estaba a unos pocos metros de la puerta de entrada, volví a escuchar el mismo ruido, pero mas prologado que antes. Esta vez, cuando observé atentamente el camino, con un poco de niebla y desolado, como normalmente estaba, vi la silueta de un hombre alto y con gabardina junto al rio.
Me quedé paralizada, con la mirada clavada en aquel sujeto. En mi mente se proyectaban muchos pensamientos, ninguno bueno, debido a las circunstancias, pero aun así sin fundamentos, posibilidades aterradoras de la identidad del hombre que aún permanecía inmóvil junto al río. Sabía que lo mejor era correr adentro, pero por alguna extraña razón no lograba moverme. De repente, el hombre se movió. "Me vio", me dije. No podía saberlo seguro, ya que estaba muy lejos y nublado. Pero eso me hizo reaccionar y comencé a moverme lentamente para disponerme a entrar. Escuché el sollozo de nuevo y al mirar hacia el camino vi una mujer al lado del señor, pero era imposible, el moverme solo me había llevado un segundo, y quien se encontraban al lado del camino y del señor, era la difunta señora. Era alta, cabello rojizo y unos asustados ojos rojos y penetrantes que se posaban en mí. La mujer gritó algo y enseguida empezó a correr el hombre con la gabardina hacia mi.
"Soy testigo. La única testigo de lo que sea que estén haciendo" pensé. Era obvio que me habían visto, era de imaginarse que deberían deshacerse de mí para poder huir, creí pero no era así. Me di la media vuelta y corrí tan rápido como pude dentro de la casa. Sentía el viento helado cortando mi piel, el sonido de mi respiración agitada y mis pasos alarmados. Pero también oí el ruido de 4 pies mas retumbando contra el cemento de mi acera. Me dispuse a entrar, pero antes de poder hacerlo, dos fuertes manos me tomaron por la cintura y me empujaron hacia atrás.
Escupí un grito desgarrador, pero enseguida otra mano tapó mi boca, ahogando mis gritos de desesperación. Los dos me llevaron hacia un auto azul oscuro o negro, no estaba segura ya que estaba algo descolorido y con los vidrios empañados por el gélido clima. Aunque traté de gritar, golpear, patear y escurrirme, no logré escapar y me metieron en el asiento trasero del coche. Apenas cerraron la puerta, el auto se puso en marcha a una velocidad realmente inconciente, considerando que muchas calles estaban congeladas, algo muy normal ya que habían caído demasiado esa semana las temperaturas.
Allí dentro, los dos, grandes comparados conmigo misma, me amordazaron y ataron. Peleé cuanto pude, pero eran muy fuertes para mí.
-Esto es lo que sucederá - dijo la mujer pelirroja, que iba manejando el auto.-No te mataremos, siempre y cuando te quedes callada. Nadie puede enterarse de lo que viste en el inmundo rio que está frente a tu casa. No dirás a nadie lo sucedido, sobre nosotros. Sobre todo a la policía. Te estaremos observando de cerca, nos enteraremos si abres la boca y te mataremos si lo haces, ¿Entendiste?
Con los ojos llenos de lágrimas y la garganta llena de gritos ahogados, asentí lentamente. Frenaron en medio del bosque y me empujaron del auto. El hombre se bajó del coche y me golpeó, supongo que fue una especie de advertencia. El dolor me hizo gritar y retorcerme en el húmedo suelo.
-Considéralo una advertencia.- dijo la mujer, atravesándome con sus penetrantes ojos rojos, mientras una sonrisa traviesa, casi infantil se dibujaba en su rostro. Me levanté lentamente, aun retorciéndome un poco de dolor, y caminé unos pasos, mientras el auto se alejaba a mis espaldas.
Me dejé caer de rodillas y dejé salir el llanto desesperado que tenía guardado. "¿Qué haré ahora?" pensé. No podía decirle a nadie y tendría a esos matones detrás mío, observando atentamente cada movimiento que hiciera. Después de todo, ni siquiera sabía qué es lo que estaban haciendo en el antiguo rio, pero supuse que no era nada bueno debido a las circunstancias. No podía imaginarme lo que había, o que estaban haciendo allí, pero debido a las circunstancias y que era desolado, desde un primer momento lo sabia, no era nada bueno, ni nada que me hiciese tranquilizarme, en todo caso de que lo supiera. Finalmente, luego de una larga caminata, llegué a casa. Cerré todo con llave, cerré las cortinas y me metí en la cama, aterrada y atacada por la paranoia. Los siguientes días no mejoraron. El miedo me tenía atrapada, no podía siquiera salir a la calle, o asomarme a la ventana. Temía encontrarme con ese desagradable hombre que me había golpeado, o cruzarme con los penetrantes y aterradores ojos rojos de la mujer pelirroja, paso mucho tiempo hasta que me dispuse a hacerlo, y pude, trate de olvidar lo ocurrido ese día, pero no pude.
Todo pasaba con mucha normalidad, así que quise pensar que fue un sueño, mi imaginación o simplemente era algo que ya había pasado y no podía hacer nada por ello, lo importante era no darle importancia, hasta que un día hable con alguien sobre lo ocurrido ya que pensé que era un sueño, todo ocurrió con normalidad ese día, me fui a dormir como siempre, pero… en ese momento en las noticias habían dicho que habían encontrado unos cuerpos destrozados en el pequeño rio, pero yo no lo sabia, en medio de la noche recibí una llamada de la persona que se lo conté y de repente sentí un dolor muy fuerte en la cara y me desmayé, lo que ocurrió al día siguiente no fue igual, me desperté, pero no en mi cuarto, al abrir lo ojos me di cuenta de ello y de que en esa habitación también estaba la señora y el hombre y me di cuenta de que no debía haber hecho nada y que ese era mi final.